10 bibliotecas móviles originales y solidarias (1)

Con Sant Jordi y el Día del Libro a la vuelta de la esquina, llega el momento de pensar en aquellos que no pueden disfrutar del placer de la lectura. Niños y adultos de todo el mundo para quienes, ya sea por su situación geográfica, por sus condiciones económicas o por circunstancias excepcionales, el libro es un objeto de lujo que difícilmente pueden alcanzar. Por suerte, existen numerosas personas y entidades dedicadas a hacer lo imposible por acercar la cultura a esos grupos desfavorecidos a través de bibliotecas móviles.

En la red pueden encontrarse infinidad de iniciativas solidarias, tanto individuales como colectivas, sobre bibliotecas ambulantes. Algunas son realmente originales. He recopilado varios casos; como quería explicarlos con detalle, los he dividido en dos posts que publicaré consecutivamente. Aquí tenéis los primeros ejemplos:


1. Bibliotecas sobre ruedas

Son las más habituales. Muchos países cuentan con bibliobuses para prestar servicio a pequeñas localidades que no disponen de biblioteca propia. Además, diversas organizaciones solidarias recurren a ellas para facilitar el acceso a la cultura a personas necesitadas en lugares remotos. Hace un par de años, por ejemplo, Bibliotecas sin Fronteras puso en marcha el primer bibliobús de Haití, el BiblioTaptap, que toma su nombre de los típicos taxis compartidos del país. Gracias a esa iniciativa, tres bibliotecas móviles recorrían los pueblos más apartados para promover la lectura y democratizar los servicios básicos.

Por su parte, Words on Wheels creó un proyecto para garantizar que los escolares tuviesen acceso regular a libros, juegos educativos, productos multimedia e Internet. Hace unos años, la organización transformó una furgoneta en biblioteca y la envió a recorrer diez localidades rurales en Hanoi (Vietnam), en las que atendió a más de 2.400 niños. Algún tiempo después acondicionó otra furgoneta para prestar servicio a unos 4.000 escolares de quince escuelas en Bandung (Indonesia).


2. Aerobiblioteca

En Chile disponen de una amplia red de bibliomóviles destinada a acercar la lectura a los parajes más aislados del país. Por lo general se valen de autobuses o de vehículos menores, pero en ocasiones se enfrentan a terrenos tan accidentados que les resulta imposible alcanzar su destino por tierra. Como la Isla Mocha, a la que sólo se puede acceder por mar o por aire. El año pasado, los responsables de la bibliomóvil de aquella zona decidieron cambiar las ruedas por un par de alas y adaptar una avioneta como biblioteca. Ellos mismos explicaron cómo fue su primer encuentro con los niños de la isla.


3. Biblioburros

Hace más de 15 años que el maestro Luis Humberto Soriano se propuso suministrar libros a los niños que vivían en lugares recónditos del norte de Colombia. Para ello, echó mano de dos amigos, sus burros Alfa y Beto, y montó su particular biblioteca móvil. Así nació el biblioburro. A pesar de los peligros y dificultades que encontraba en sus recorridos por la selva e incluso a haber perdido una pierna, Soriano no ha cejado en su empeño de acercar la cultura (y, con ella, un futuro mejor) a los más pequeños.

Su proyecto se hizo popular y creció hasta convertirse en una sólida red de biblioburros colombiana. También inspiró iniciativas similares en otros países. En Chile, por ejemplo, utilizan bibliollamas. En Italia, Lucia Pignatelli creó hace tres años el biblioasino: ella y su burro Serafino viajan por la periferia de Milán ofreciendo un servicio de biblioteca móvil con el que pretenden incentivar la lectura entre niños y mayores.

Otro burro, de nombre Babel, acompañó a Marc Roger en el viaje que le llevó de Saint-Malo (Francia) a Bamako (Mali) entre mayo de 2009 y junio de 2010. Roger se dedicó a leer en voz alta obras africanas y francesas en escuelas, bibliotecas y librerías de los distintos países que recorría. El proyecto, que contó con el apoyo de Bibliotecas sin Fronteras, tenía como objetivos promover el acceso a la cultura y a la educación de las comunidades visitadas, desarrollar su gusto por la lectura y fomentar la literatura africana.


4. Carreta literaria

A menudo, estas iniciativas van ligadas a personas muy especiales. En el caso de Martín Murillo, resulta evidente. Este “leedor” apasionado lleva siete años promoviendo la lectura en Cartagena de Indias (Colombia) al mando de una curiosa carreta cargada de libros. Murillo presta sus libros o realiza lecturas dramatizadas en plazas, parques y escuelas. En su biblioteca móvil ocupa un lugar destacado el Libro de los mil cuentos, un volumen con las páginas en blanco que le permite explicar a los niños historias surgidas directamente de su imaginación. Hasta la carreta literaria se han acercado bastantes personalidades; entre ellas, por supuesto, Gabriel García Márquez.


5. Bibliotecas flotantes

Cuando la naturaleza se empeña en complicar las cosas, ni siquiera la más potente de las furgonetas o el más intrépido de los burros pueden sortear determinados obstáculos. Por ejemplo, ríos o mares. En esas ocasiones, no queda más remedio que recurrir a medios de transporte acuáticos. Lo saben bien en Venezuela, donde han ideado tres variedades de bibliotecas flotantes: el bibliobongo, la bibliofalca y la bibliolancha.

No es el único ejemplo. En la costa oeste de Noruega, el principal obstáculo son los fiordos. Por eso el barco Epos compagina su labor turística durante el verano con su misión como biblioteca móvil para los habitantes de las numerosas islas remotas que pueblan los fiordos durante el invierno. Y en su momento os hablé también del Logos Hope, un impresionante barco solidario que surca los mares llevando buenas lecturas y conocimientos a todo el mundo.

 

La primera entrega de esta lista de bibliotecas móviles termina aquí. Podréis descubrir el resto de propuestas en este post.


Foto: kodomut en Flickr

2017-08-05T22:02:31+00:0022 abril 2014|flores y espinas|

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