En 2008, Adeline Tiffanie Suwana, una estudiante indonesia de apenas 11 años, decidió dedicar sus vacaciones escolares a una particular misión ecologista: convencer a un grupo de amigos para que le ayudasen a plantar manglares.

A Adeline le habían impresionado los tremendos efectos causados por las inundaciones en Indonesia un año antes. Sabía que el cambio climático y la erosión del terreno habían contribuido a agravar aquella catástrofe. Le habían explicado también que los manglares, esas extensiones boscosas que crecen en zonas en las que conviven agua dulce y agua salada, podían jugar un papel decisivo como protectores en caso de desastres naturales. Así que durante aquellas vacaciones se empeñó en tirar adelante una iniciativa que, aunque todavía no podía saberlo, cambiaría su vida y condicionaría el futuro de muchos niños de su país.

Lo que empezó como una acción aislada dio paso, poco tiempo después, a la creación de Sahabat Alam (en castellano, «Amigos de la Naturaleza”), una organización sin ánimo de lucro que trabaja activamente para despertar el amor por la naturaleza en los niños y jóvenes indonesios, así como su compromiso con la protección del medio ambiente. Desde Sahabat Alam, Adeline y sus compañeros llevan cinco años dando ejemplo a los más pequeños con su implicación en diferentes proyectos medioambientales: plantar mangles y otros árboles autóctonos, limpiar de residuos las playas, restaurar arrecifes de coral, criar peces, liberar tortugas… Además, han impulsado la instalación de un generador que aprovecha la energía hidráulica de las cascadas para llevar la electricidad a las casas de la zona. Y también ejercen de educadores ambientales, organizando seminarios en escuelas y expediciones de ecoturismo a los parques nacionales indonesios.

Adeline ha recibido ya varios premios internacionales a través de Sahabat Alam y ha dejado oír su voz en diferentes conferencias y cumbres sobre medio ambiente , incluso ante las Naciones Unidas. Su historia demuestra, una vez más, que un sueño individual puede acabar transformado en un deseo colectivo y convertirse en realidad.


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