Creces con la idea de que los artistas son seres de otro mundo. Seres inaccesibles a los que sólo puedes ver a través de la televisión, admirar en plano contrapicado cuando se suben a un escenario o aplaudir desde detrás de una barrera si visitan tu ciudad para alguna promoción. Das por hecho que la inaccesibilidad de esos artistas forma parte de su profesión.

Hasta que descubres que algunos viven el arte desde otro punto de vista. Para ellos, ser artista es una pasión, no un trabajo. Disfrutan con lo que hacen y su única pretensión es conseguir que tú disfrutes también. Les importas. Son felices si tú eres feliz. Y les sigue preocupando tu opinión al bajar del escenario, porque no interpretan ningún papel: lo viven realmente así.

El mejor ejemplo de ese tipo de artistas son Els Amics de les Arts (ya os hablé de este grupo hace algunos meses). Su nombre les define a la perfección. Cuatro amigos que desplegan su arte, su música y sus monólogos sobre el escenario y que saben cómo transmitir la complicidad entre ellos y su buen humor al público. Si aún no los conocéis, aprovechad ahora que els Amics acaban de lanzar nuevo disco, Bed & Breakfast. Es un buen momento para descubrir su música y acercarse a alguno de sus conciertos.

Guillem Albà, un descubrimiento reciente por mi parte, es otro de esos artistas. Un joven clown, discípulo avanzado de Jango Edwards, con una trayectoria destacada en teatro, radio o televisión y que ahora se atreve con su primer espectáculo propio, Sketchofrenia. Guillem vuelca en él toda su energía e infinidad de horas de trabajo calculado al milímetro para que todo quede perfecto. En el programa de mano de Sketchofrenia, Albà anima al público a enviarle mails para opinar sobre el espectáculo. Si aceptas el reto, responde a tu mensaje un chico sencillo, apasionado por su arte y con una clara declaración de intenciones: hacer sentir algo a sus espectadores y arrancarles una sonrisa para que su día a día cobre sentido.

Y como dicen que no hay dos sin tres, ahí va otro ejemplo. Se trata del dúo que forman el cantautor Kevin Johansen y el ilustrador Liniers (también os había hablado de él como autor de Macanudo) en su espectáculo Oops!. Dos viejos amigos que deciden colaborar sobre el escenario, derrochando creatividad y una «buena onda» que contagian al público. Kevin canta sus temas en directo y Liniers improvisa ilustraciones para esas historias, aunque no tienen problema en intercambiar los papeles o en convertir el concierto en un show humorístico. Comprobadlo en este vídeo de una de sus actuaciones. Para ellos, el espectáculo parece ser pura diversión. Así que, ¿por qué no hacer partícipes de ella a quienes han ido a verles?

Compruebas que estos artistas, los artistas cercanos, sí que saben. Gracias a esa complicidad consiguen que salgas de su espectáculo con la sensación de haber compartido algo más que su arte con ellos. Te llevas contigo, en cierto modo, un pedacito suyo. Y entonces el concepto que tenías de los artistas cambia.


Foto: Anthony Delanoix en Unsplash