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-Usted es el culpable, marqués -sentenció el inspector-. Atacó al Dr. Lemon en la biblioteca, le atizó con un candelabro hasta matarlo.
Un rumor general de sorpresa invadió el salón. Nadie podía creer que aquel anciano, famoso por su caballerosidad sin límites, fuera capaz de tal salvajada. El Marqués de Marina se puso en pie con toda la solemnidad que requería el momento y habló a los presentes:
-Damas y caballeros, pido perdón por mi lamentable comportamiento. No suelo ser hombre que pierda los estribos, pero el Dr. Lemon me provocó con sus discusiones políticas y estuvo burlándose de mí hasta sacarme de mis casillas. Fue un acto reflejo, cogí lo que tenía más a mano y le golpeé. Lemon siguió provocándome y yo seguí golpeando hasta que se calló. No justifico mi reacción, pero es que si algo me molesta en alguien es la falta de seriedad. |
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