| |
  |
|
-Sr. Pizarro, ¿hay algo que quiera contarnos? -espetó el inspector al hombrecillo de negro. Éste lo miró sorprendido y carraspeó un par de veces antes de decir:
-Estooo... ¿A qué se refiere exactamente?
-Al asesinato, por supuesto.
-Ah, pues no, no, la verdad es que no se me ocurre nada -aseguró mientras intentaba desabrocharse el cuello de la camisa con dedos nerviosos.
El inspector guardó unos segundos de silencio antes de atacar de nuevo.
-Venga, Sr. Pizarro, todos los indicios apuntan a usted. Asfixió al Dr. Lemon en el comedor con uno de esos cordones que sujetan la cortina. Es inútil que lo niegue. Sólo díganos por qué lo hizo.
El hombrecillo paseó una mirada herida por la habitación antes de darse por rendido. Confesó cabizbajo, mirándose los zapatos:
-Me prestó una suma importante de dinero para invertir. Parecía un negocio seguro, pero resultó ser un fracaso. El Dr. Lemon reclamó que le pagase mis deudas o me enviaría a prisión. Era mucho dinero, le pedí que me diera más tiempo para devolvérselo pero se negó... Perdí los nervios... Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, Lemon se había puesto azul. |
|
  |
|
|