| |
 |
|
La Sra. Prado llevaba media vida cocinando para la familia Lemon. Entró a formar parte del servicio de la mansión siendo una cría y ya nunca salió de allí. La vida no le había permitido estudiar, pero entre fogones era toda una maestra, una honoris causa de ésas.
Suplía esa falta de educación con su afán por aprender y la necesidad de leer todo lo que cayera en sus manos. Para ampliar vocabulario, solía jugar con sus compañeros al Scattergories, pero a lo pobre: preparaban papeles y lápices, uno decía una letra y, ala, todos a echarle memoria e imaginación. No hace falta decir que casi siempre ganaba la Sra. Prado.
Un día el Dr. Lemon les sorprendió en plena partida y, lejos de enfadarse, se interesó por el juego. Cuando supo lo que era les compró un Scattergories de verdad y se tomó la libertad de pasarse de vez en cuando a jugar con ellos. Aquel gesto por parte del señor le hubiera honrado si no fuera porque a las chicas del servicio les incomodaba que se tomara el derecho de pernada cada vez que ganaba. A la Sra. Prado eso no le hubiera preocupado en condiciones normales, porque se creía capaz de vencerle... Pero con la excusa de ser el amo, el Dr. Lemon hacía trampas y se aferraba al "aceptamos pulpo como animal de compañía" a la menor ocasión. Y por ahí ella no pasaba. |
|
 |
|
|