Un buen servicio de atención al cliente debe estar siempre atento para reaccionar debidamente ante las consultas y reclamaciones de su público. Atenderlas, sean cuales sean, y darles una respuesta convincente por mucho que, de entrada, parezca complicado satisfacer al usuario. A veces, quienes se dirigen a estos servicios son niños con peticiones peculiares o incluso inalcanzables; pero siempre existe una manera de contentarlos o arrancarles una sonrisa. Una respuesta original, además, puede ser una impagable acción de marketing que aporte visibilidad a la entidad en cuestión.

Por la red corren varios casos de respuestas a peticiones de niños que se han hecho virales por la singularidad de la demanda y el acierto de la respuesta. Os dejo tres ejemplos:


1. Llamando a la NASA

Lucas Whiteley, un estudiante de Yorkshire (Inglaterra), pensó que la mejor manera de informarse para un proyecto escolar sobre el espacio era consultárselo a un organismo que supiera tanto sobre la materia como la NASA. Sólo tiene 4 años (la historia es reciente), pero contó con la ayuda de su padre para grabar un vídeo en el que aparecía él mismo formulando tres preguntas: cuántas estrellas hay en el cielo, qué países han pisado la luna y si también ha viajado hasta allí algún animal.

La consulta de Lucas recibió una respuesta inesperada. Desde la agencia espacial no se limitaron a enviarle un correo electrónico con la información, sino que adjuntaron un vídeo de 10 minutos en el que uno de sus ingenieros, Ted Garbeff, respondía al niño empleando conceptos y comparaciones fáciles de entender. Incluso le hizo de guía en una visita virtual por el centro.


2. Poder ninja

No es la única vez que Lego contesta ante una petición de sus clientes más jóvenes, pero esta es la que más repercusión viral parece haber conseguido. El protagonista de la historia es Luka Apps. El año pasado, aconsejado por su padre, este niño inglés de siete años escribió a la empresa de juguetes con un disgusto impresionante y un anhelo. El disgusto, haber perdido una minifigura del Ninjago Ultra Sonic Raider, un set que había comprado unas semanas antes con sus ahorros. Y el anhelo, que pudieran enviarle un recambio.

La respuesta de Lego no tenía desperdicio: no sólo aseguraba al niño que repondrían el juguete perdido y le regalarían algunos complementos extra, sino que también le recomendaba escuchar siempre los sabios consejos de padre. Lo mejor de la respuesta fue el estilo con el que había sido escrita, adaptado al lenguaje y la personalidad de los Ninjago.


3. Dragones australianos

Y ahí va mi historia preferida. Sucedió en vísperas de la pasada Navidad. A sus siete años, Sophie Lester, una niña de Queensland (Australia), envió una carta al CSIRO (la organización para la investigación científica e industrial de su país) pidiendo que le fabricaran un dragón. Tal cual. Su petición sorprendió tanto a los científicos que no dudaron en publicar un post en su blog disculpándose ante los australianos por no saber hacer dragones. Reconocían con orgullo sus progresos en otros campos, pero admitían las deficiencias en su programa de I+D para dragones. Con todo, prometían esmerarse en mejorarlo porque intuían que el fuego de dragón podría ser un excelente combustible alternativo.

Días más tarde, publicaron otro post explicando el revuelo provocado por la demanda de Sophie en medios de comunicación y redes sociales, hasta el punto de que varias instituciones y compañías (Dreamworks incluida) les habían mostrado su apoyo. Ante aquello, los científicos del CSIRO no habían podido quedarse de brazos cruzados y habían fabricado una dragoncita con una impresora 3D. La criatura viajaba ya hacia la casa de Sophie para ser su mascota. Los científicos acaban diciendo a la niña que estarían encantados de que se uniera a ellos como colega en el futuro, y la animaban a mantener viva su curiosidad hasta entonces.


Foto: RaphaelJeanneret en Pixabay