Cuestiones de género en la literatura infantil

Pensad en vuestros libros preferidos de la infancia. O en los que les gustan actualmente a vuestros hijos. ¿Cuántos están protagonizados por personajes femeninos, ya sean humanos o animales? Probablemente pocos. Y es que, en la literatura infantil i juvenil (LIJ), los personajes femeninos siempre han tenido las de perder frente a los masculinos

Hace unos años, la Florida State University hizo públicos los resultados de un estudio revelador. La investigación se realizó en el ámbito de los Estados Unidos, pero sus conclusiones se pueden extrapolar. Tras analizar casi 6.000 libros infantiles editados entre 1900 y 2000, los investigadores comprobaron que sólo el 31% de los libros publicados por año contaban con personajes centrales femeninos. Les sorprendió descubrir que la desigualdad no se había corregido proporcionalmente con el paso del tiempo; de hecho, se había acentuado más entre 1930 y 1969 que en las décadas posteriores y también en las anteriores.

Por desgracia, no se trata de una tendencia relegada al siglo pasado. Fijémonos en una investigación más reciente, realizada por The Guardian y Nielsen sobre los 100 libros ilustrados infantiles más populares de 2017. El estudio revelaba que los personajes masculinos tenían dos veces más probabilidades de ser protagonistas que los femeninos. Y si nos centramos en los villanos, era ocho veces más probable que fueran hombres.


Una tradición estereotipada

El desequilibrio no se da sólo en la cantidad, sino también en la calidad de los personajes femeninos. Tradicionalmente, las mujeres han asumido un papel estereotipado en la literatura infantil i juvenil. En los cuentos clásicos, a menudo se las presentaba como inocentes y más débiles que los protagonistas masculinos, con quienes estaban relacionadas como interés romántico o por los cuidados que les brindaban. Solían ser esposas, madres o, más clásico aún, hermosas princesas que necesitaban ser rescatadas por el héroe de turno.

La herencia estereotipada de las historias de los hermanos Grimm y otros cuentos populares siguió presente en la LIJ del siglo XX. Y aunque en la actualidad las relaciones entre personajes femeninos y masculinos son mucho más igualitarias, el estudio de The Guardian confirmó que incluso los bestsellers modernos beben de esa herencia. De acuerdo con la investigación, la mayoría de los libros analizados mostraba protagonistas masculinos en roles estereotípicamente masculinos. Y si un adulto asumía el papel de cuidador, tenía dos veces más probabilidades de ser mujer. Dejando aparte el estudio, pensemos en las novelas juveniles: continúan de moda las historias de chicas que se desviven por gustar a los chicos.

Por suerte, hay excepciones. En la literatura infantil podemos encontrar grandes personajes femeninos transgresores. Son pocos, pero se hacen respetar. Ahí están, por ejemplo, la Pippi Långstrump de Astrid Lindgren, la Matilda de Roald Dahl, la Momo de Michael Ende, la Olivia de Ian Falconer o la Faith Sunderly de Frances Hardinge. Todas son inteligentes e independientes. Tienen las ideas claras y a menudo no hacen lo que se espera de ellas; de hecho, son capaces de desafiar a la autoridad si lo consideran necesario.


Disparidad entre animales

¿Qué sucede cuando los protagonistas de las historias infantiles no son humanos, sino animales? En ese caso, el desequilibrio parece aún mayor. Según el estudio de la Florida State University, de las cerca de 6.000 obras publicadas entre 1900 y 2000 que se analizaron, los animales macho eran personajes centrales en más del 23% de los libros por año; las hembras, en cambio, sólo lo eran en el 7,5%. Si con los protagonistas humanos se fue avanzando hacia la igualdad de género a medida que se acercaba el fin de siglo, no sucedió lo mismo con los animales: en la década de 1990, había una disparidad de casi 2 a 1 para los machos.

En la actualidad, la tendencia continúa. El estudio de The Guardian observó que, cuando se revelaba el sexo del animal en los libros analizados, era un 73% más probable que se tratase de un macho que de una hembra. Además, los personajes masculinos solían ser bestias poderosas y potencialmente peligrosas como dragones o tigres, mientras que los femeninos solían ser criaturas pequeñas y vulnerables como gatos o insectos.

Los responsables del estudio de la Florida State University lanzaron una teoría para intentar justificar esa desigualdad. Según ellos, los autores y editores podrían haber recurrido a personajes animales en vez de humanos en un intento fallido de evitar la representación de género, sin caer en la cuenta de que los animales también tienen género. De hecho, de acuerdo con los investigadores, se da un fenómeno curioso: los lectores –tanto si los adultos leen álbumes infantiles a los pequeños como si son las propias criaturas las que leen directamente– tienden a identificar a los animales que no especifican su género como personajes masculinos, lo que exagera la disparidad.


Para él, para ella

Por si todo esto no fuera suficiente, a lo largo de la historia ha habido quienes se han empeñado en diferenciar claramente entre una LIJ escrita para niños y otra dirigida a las niñas. Como explica The Conversation, el mercado editorial era muy homogéneo a principios del siglo XIX; ni siquiera separaba a los lectores adultos de los infantiles. En la segunda mitad de ese siglo, sin embargo, los libreros y críticos literarios comenzaron a distinguir entre las lecturas adecuadas para ellos y las apropiadas para ellas. A partir de 1880, por ejemplo, el periódico The Times separó las reseñas en función del género de los lectores; en los libros para niñas, solía juzgar más los temas que la calidad de la escritura.

¿Y en la actualidad? Probablemente habéis visto lecturas o cuadernos de ejercicios con la etiqueta ‘Para niños’ o ‘Para niñas’ en su portada. Los que se dirigen a ellos, a menudo, juegan con los tonos azules y se valen de personajes relacionados con la acción o la aventura. Los que se destinan a ellas adoptan el rosa como bandera y recurren a princesas, flores o hadas. Estos libros se alejan de los intereses reales de las criaturas y les envían mensajes muy limitados sobre qué tipo de cosas son apropiadas para cada género.


De la literatura a la sociedad

El peligro surge cuando los pequeños lectores asumen que la desigualdad que observan en la LIJ es normal en la vida real. Si los chicos tienen papeles protagonistas en los libros infantiles mientras que las chicas quedan relegadas a un segundo plano, si los chicos son valientes y decididos mientras que las chicas se muestran complacientes y menos ambiciosas, será complicado que niños y niñas vean igual su rol en la sociedad. Ellos se sentirán privilegiados; ellas, poco importantes. “Esto refleja una versión asimétrica del mundo que es mala para los niños y para las niñas”, afirma Jess Day, una de las activistas del movimiento Let Toys Be Toys.

“Los niños escuchan y se toman en serio los mensajes que reciben de los libros, los juguetes, el marketing y los adultos que les rodean. ¿Realmente queremos que crean que ciertas cosas están prohibidas para su género?”, se cuestiona el movimiento Let Toys Be Toys. Por eso lleva años impulsando una campaña para pedir a la industria juguetera que deje de etiquetar sus juguetes por géneros y lo haga por temas o por función. Para ellos, decirle a una criatura con qué debe jugar por ser niño o niña es limitar su imaginación. De igual manera, Let Books Be Books reclama a los editores LIJ que eliminen las etiquetas ‘Para niños’ y ‘Para niñas’ de las portadas de los libros y permitan que cada criatura elija libremente qué historias le interesan.


Empoderar desde la LIJ

El tiempo ha actualizado los roles sociales de hombres y mujeres. Aunque todavía queda camino por recorrer, sus relaciones son ahora mucho más igualitarias. Los responsables del mundo editorial (autores, editores e ilustradores) deberían tenerlo en cuenta y ofrecer en los libros infantiles modelos femeninos positivos en los que las niñas se puedan inspirar y que inviten a los niños a valorar al sexo opuesto como se merece.

De hecho, en los últimos años ha surgido un movimiento de empoderamiento de las niñas a través de libros de no ficción. Su ejemplo más representativo son las dos entregas de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo, que recogen historias de mujeres que rompieron con los estereotipos de su época. Estos libros han cosechado un gran éxito de ventas y han liderado la actual moda de los cuentos sobre mujeres inspiradoras dirigidos específicamente a las niñas.

Aunque hay que tener cuidado… Como advierte Tricia Lowther, una de las fundadoras de Let Books Be Books, este tipo de libros podría estar reforzando el problema. Para ella, la motivación de estos títulos es loable, ya que pretenden ofrecer a los pequeños lectores una variedad de modelos femeninos positivos. Pero la etiqueta ‘Para niñas’ envía un mensaje contradictorio: da a entender a los niños que esa lectura no es para ellos, cuando lo ideal sería que también incluyeran este tipo de lecturas en su consumo. Al enfatizar la diferencia entre los dos grupos de lectores, se impide la igualdad de género.

La experta en LIJ Ana Garralón va más allá. Le preocupa que este movimiento empoderador de la mujer a través de las lecturas infantiles sea aprovechado por los “lectores políticamente correctos”, que quieren acabar con los personajes femeninos negativos, desde madrastras y brujas a princesas. Para ella, “mirar los libros bajo ese prisma es aplicar lo políticamente correcto a una experiencia con un libro que es absolutamente individual y convierte en censor a cualquiera que tenga en las manos un libro para recomendar”.


¿La solución?

La solución no pasa por sobreproteger a los pequeños lectores bajo la premisa de lo políticamente correcto, sino por normalizar. No se trata de reescribir los cuentos clásicos para eliminar personajes femeninos negativos, sino de dar protagonismo a personajes femeninos que aporten valores positivos en los libros infantiles de nueva creación. Introducir protagonistas transgresoras, alejadas del estereotipo, que hagan replantear las relaciones entre géneros y aporten nuevos referentes tanto a las niñas como a los niños.

Por otro lado, es necesario dejar que las criaturas elijan sus propias lecturas, sin guiarles hacia lo que creemos que deberían leer, especialmente en base a criterios de género. Hay que facilitar a los pequeños lectores el acceso a historias de distintos orígenes y voces, y permitirles descubrir por sí mismos que cualquiera, sea niño o niña, tiene capacidad para ser cualquier cosa.


Foto: Annie Spratt en Unsplash

2018-07-28T13:52:56+00:00 28 julio 2018|donde viven los niños|Sin comentarios

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