Una curiosa tienda de juguetes nos lo demostró hace tiempo: en realidad, los niños no necesitan gran cosa más que la imaginación para jugar. A veces, el fruto de esa imaginación traspasa los límites del juego y se convierte en algo mucho mayor. En el caso que nos ocupa, un simple montón de cartones, un niño ingenioso y una serie de casualidades dieron lugar a un movimiento global en apoyo a la creatividad infantil.

Esta historia tiene dos protagonistas: Caine Monroy y Nirvan Mullick. Permitidme que os presente primero a Caine, ya que él fue el iniciador de todo. Cuando tenía 9 años, a Caine se le ocurrió abrir un salón de juegos a la entrada de la tienda de su padre, en Los Ángeles (Estados Unidos). Fue en el verano de 2011. La particularidad del Caine’s Arcade era que todos los juegos habían sido construidos por el propio niño con las cajas de cartón que su padre desechaba de la tienda.

Caine pasó semanas diseñando y montando sus juegos. Pensó en cada detalle de su negocio: los premios, para los que utilizó sus coches de juguete; la oficina, hecha también de cartón; la camiseta corporativa, que él mismo diseñó; o el sistema de pago, que incluía dos tipos de tickets (el sencillo daba derecho a cuatro turnos por un dólar, mientras que el FunPass garantizaba 500 turnos por dos dólares). Incluso inventó un control de seguridad para evitar falsificaciones de los FunPass.

El único problema que tenía el salón de juegos era la falta de público. El padre de Caine, dedicado a la venta de recambios de segunda mano para automóviles, realizaba casi todas las operaciones a través de Internet, así que pocos clientes acudían al local, situado en una zona industrial de la ciudad. Aun así, el niño no perdía la esperanza: abría su salón cada día confiando en que alguien acabaría acercándose a sus juegos. Y entonces apareció Nirvan. Cuando el joven llegó a la tienda en busca de una pieza para su coche y descubrió el Caine’s Arcade, no lo dudó: compró un FunPass y se puso a jugar.

La casualidad quiso que aquel primer cliente del salón de juegos fuese cineasta. Nirvan, impresionado por el ingenio de Caine, volvió a la tienda días más tarde para preguntar al padre si podía grabar un corto sobre el niño. Al enterarse de que él había sido el único cliente del negocio, se propuso remediarlo. Con el padre como cómplice, ideó un flashmob sorpresa destinado a conseguir clientela para Caine. La convocatoria, que Nirvan lanzó a través de las redes sociales, pronto se volvió viral.

A principios de octubre de ese mismo año, Caine recibió el mejor regalo de su vida. Como narra el corto de Nirvan, llegó un día a su salón de juegos para descubrir una larga cola de niños y adultos esperándole. «¡Venimos a jugar!», gritaban todos a una.

La sorpresa no quedó ahí. La historia de Caine, su salón de juegos y el flashmob se hizo famosa rápidamente. Varios medios de comunicación se hicieron eco de la noticia. Seis meses más tarde, Nirvan colgó su corto en la red, que se convirtió en un fenómeno viral al instante: en menos de una semana, dos millones de personas habían visto el vídeo y se formaban colas de cuatro horas de espera para entrar en el Caine’s Arcade. Las celebridades empezaron a tuitear sobre el salón e incluso el actor Jack Black se acercó hasta allí con sus hijos. El deseo de Nirvan al grabar el corto era reunir 26.000 dólares y crear un fondo para la educación de Caine; al día siguiente de publicarlo, contaba con más de 100.000 dólares.

Lo que sucedió a partir de entonces, nadie lo preveía. Nirvan nos lo cuenta en su segundo corto. Niños de todo el mundo, inspirados por Caine, empezaron a crear sus propios juguetes con cartones y a compartir sus inventos en las redes sociales. Aquel fenómeno hizo pensar a Nirvan que muchos otros pequeños como Caine merecían una oportunidad similar a la que había tenido su amigo. Así que creó la Fundación Imaginación con la finalidad de fomentar la creatividad infantil y facilitar a los niños las herramientas necesarias para construir el mundo que imaginan.

Justo un año después del flashmob sorpresa, el 6 de octubre de 2012, la Fundación Imaginación organizó el Reto Global del Cartón. El evento instaba a niños y adultos de todo el mundo a combinar cartón e imaginación para crear sus propios juegos. Además de permitir a los más pequeños explorar sus intereses y pasiones, les proporcionaba una oportunidad perfecta para aprender valores como el pensamiento crítico, la perseverancia o el trabajo en equipo. La buena acogida que tuvo aquella iniciativa permitió a la fundación convertirla en un acontecimiento internacional anual.

Este año, el Reto Global del Cartón celebra su tercera edición. El próximo sábado, 11 de octubre, varios eventos simultáneos en más de 40 países permitirán mostrar la creatividad con el cartón de más de 100.000 personas. Desde España se han apuntado al reto La Fábrica de Cuentos de Cuenca y el colegio Miquel Utrillo de Sitges (Barcelona). Ellos, como el resto de participantes, volverán a demostrar que, cuando se afronta con ilusión y ganas de compartirla, una idea ingeniosa puede ser contagiosa.

 

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Foto: Caine’s Arcade