Casas tremendamente blancas, estrechas calles empedradas, ventanas de un azul intenso y buganvillas. Son los elementos característicos de Cadaqués, los colores que dan personalidad a este singular pueblo costero del Alt Empordà. Con esa tarjeta de presentación no es de extrañar que artistas como Dalí, Picasso o Duchamp se enamoraran de la localidad. Ni que infinidad de turistas paseen fascinados por sus calles temporada tras temporada.

En esta «isla del tesoro», como él mismo la describe, vive el fotógrafo Òscar Amorós. Nació en Sabadell pero lleva más de una década instalado en Cadaqués. Allí, en pleno casco antiguo, ha abierto su propia galería fotográfica: en sus paredes conviven las creaciones de Amorós con algún que otro cuadro de Moscardó, otro artista relacionado con la población.

Òscar recibe a los visitantes de su galería con una sonrisa y la invitación a mantener una conversación interesante: sobre sus obras, sobre Cadaqués, sobre la vida… Siente pasión por el pueblo y eso se nota en sus fotografías, en las que capta lo insólito de los rincones más comunes, aquello en lo que nadie habría reparado. Cadaqués es su paraíso: refugiado entre sus calles huye de la realidad, ignorando periódicos e informativos televisados, y planta cara a las vacas flacas reivindicando la consigna de una portada de Supertramp: «Crisis? What crisis?».

Lo que más me llamó la atención en la galería de Òscar Amorós fue su colección de caras: imágenes de objetos cotidianos que, bajo el prisma de la imaginación, se convierten en auténticos rostros. Òscar inició el proyecto hace unos años prácticamente por casualidad. Descubrió la primera cara en una de sus fotografías y decidió buscar más, desde entonces a conciencia. Ya lleva unas 500; la intención es llegar a las 1.001 para convertirlas en libro.

Observar las caras de Amorós engancha: aparecen bisagras convertidas en robots, piratas, manillares de moto transformados en alienígenas, fantasmas… Cada una tiene su propia personalidad: las hay felices o tristes, traviesas o sorprendidas. Mirarlas despierta el lado infantil que todos conservamos, el que busca monstruos detrás de la cortina o príncipes azules en los sapos. Lo cierto es que Òscar Amorós consigue su objetivo con la colección de caras: alegrarnos la vida por unos momentos. Así que la Flor de hoy es toda suya.


Foto: leva Haa en Flickr