Probablemente seguía ahí cuando os habéis despertado esta mañana. Os sorprende su determinación a no moverse; desconocéis los motivos de su resistencia y no sabéis cómo hacerle ver que su rotunda presencia os incomoda, o cuando menos obstaculiza vuestra peregrinación matutina hacia el baño. Para comprender su actitud, intentad poneros en su piel y leed estos cuatro consejos.

1. Mostradle empatía
Se cumplen diez años de la muerte de su creador, Augusto Monterroso, así que puede que el dinosaurio ande nostálgico estos días. No debe de ser fácil sobrevivir sin tu padre literario, especialmente cuando se trata de uno de los microrrelatistas mejor considerados de las letras hispanas. Fue él quien lo hizo aparecer en 1959, dotándole de esa testarudez mítica, y lo convirtió en referente de la literatura breve. Sin Monterroso, es lógico que el dinosaurio se sienta perdido.

2. No le recordéis su trabajo
Durante décadas se le veneró por ser el protagonista de la historia más corta jamás escrita en español. Pero su reinado acabó en 2005, cuando un emigrante llegó de la mano de Luis Felipe G. Lomelí para desbancarle del trono. Aguantar la presión de ser el más breve tuvo que resultar duro; quedar relegado a un segundo plano, también.

3. Desconfiad de su superficialidad
Ahí donde lo veis, enorme pero tan aparentemente sencillo, el dinosaurio esconde múltiples interpretaciones. Y no son pocos los estudiosos que han querido analizarlas.

4. Habladle de sus imitadores
Quizás le agrade saber que su historia ha sido objeto de infinidad de homenajes. Puede que le reconforte descubrir su capacidad de liderazgo, lo que podría dar pie al comienzo de una relación menos tensa entre vosotros. Como muestra, ahí van cinco cuentuitos publicados en @minimondos:

  • Cuando despertó, un dinosaurio dormía junto a él en su cama. Palideció. Si pudiera recordar la noche anterior…
  • Cuando despertó, un muerto yacía a su lado. “Puedo explicarlo”, se excusó el dinosaurio, con las patas manchadas de sangre.
  • Cuando despertó, un alienígena le observaba con aire amenazador. Junto a él, restos de dinosaurio desintegrado.
  • Cuando despertó, sintió que se le venía encima todo el peso de los años. El espejo le dio la razón: era un dinosaurio.
  • Cuando despertó, Monterroso seguía allí. Observándole y escribiendo. “¿Sigues con el dichoso cuento?”, preguntó el dinosaurio.


Foto: ariesa66 en Pixabay