Quien no esté aún de vacaciones seguro que tiene puesto el chip veraniego desde hace días. Todavía es lunes, de acuerdo… Pero que levante la mano quien no haya pensado ya, esta semana, en perder de vista al jefe. O quien no se haya visualizado en un paraje paradisíaco sin teléfonos, ordenadores ni plazos de entrega.

La mayoría utilizamos las vacaciones para cambiar de vida temporalmente, desconectar de la rutina diaria y darnos al relax y el placer. Si la crisis lo permite, viajamos tanto como podemos y nos convertimos en guiris lejos de casa. Pero los hay que aprovechan sus vacaciones para hacer turismo y algo más… Ser solidarios, por ejemplo.

Aquí tenéis tres propuestas interesantes que he encontrado en la red:

1. Turismo responsable
Los turistas solidarios saben que viajar no es ir por el mundo como si fueran los reyes del mambo. Especialmente si viajan a países poco desarrollados. No se trata de llegar al país de turno, recorrer sus paisajes pintorescos, hacer miles de fotos para presumir ante los amigos y volver a casa para olvidarse de lo vivido al poco tiempo. Ser turista responsable implica conocer la realidad social del país visitado, respetar su integridad cultural y su diversidad ecológica, contribuir en lo posible al desarrollo de la zona…

2. Fotografías con conciencia
Viajar es la mejor manera de comprobar que la aldea global es más global en unas zonas del planeta que en otras. Si los países pobres tuvieran el mismo acceso a las nuevas tecnologías que los países ricos, otro gallo cantaría, ¿no creéis? Pensando en ello, el portal iwith.org organiza por segunda vez un concurso de fotografía que invita a los viajeros a captar con sus cámaras las diferentes manifestaciones de la brecha digital en el mundo. Podéis echar un vistazo a la galería de fotos del año pasado; puede que verlas os anime a participar…

3. Amigos de sofá en sofá
¿Crear un mundo mejor? Puede ser un objetivo muy ambicioso para una simple red social… Aunque la gente del Couch Surfing Project no pierde la esperanza. Para empezar, los miembros de este club de surfistas de sofá abren sus mentes a una forma de viajar alternativa, que recupera la idea de la hospitalidad: un anfitrión cede su sofá a un invitado procedente de cualquier otra parte del mundo. No sólo le proporciona un lugar para dormir, sino que se convierte en su amigo durante unos días y comparte experiencias con él. Este estilo de vida, dicen sus practicantes, facilita la tolerancia y el entendimiento cultural. La clave está en ir aportando granitos de arena para mejorar el mundo. Más de 600.000 surfistas en unas 44.000 localidades de todo el mundo no pueden estar equivocados, ¿verdad?


Foto: Madi Robson en Unsplash