Dicen que es algo así como el Nobel de los docentes. Cada año, la Academia del Global Teacher Prize tiene previsto reconocer la labor de un “profesor superespecial” otorgándole un sustancial premio económico. Por superespecial entiende un profesor implicado e innovador que haya causado un impacto inspiracional en sus alumnos (estudiantes de entre 5 y 18 años) y en su comunidad. El premio lo concede la Fundación Varkey, que trabaja para facilitar el acceso a una educación de alta calidad a niños empobrecidos de todo el mundo.

Para identificar a ese profesor extraordinario, la Academia valora las candidaturas presentadas al Global Teacher Prize en base a varios criterios. Los aspirantes deben emplear, con éxito, prácticas de enseñanza innovadoras que preparen a los alumnos para ser ciudadanos globales o mejoren el acceso a la educación por parte de niños de todos los orígenes. Sus logros, constatables más allá del aula, deben ser reconocidos por sus alumnos, por sus colegas docentes y por la comunidad en general. También deben contribuir al debate público sobre el aumento del nivel de la profesión y animar a otros a unirse a ella.

Hace unos días, se reveló el nombre de la primera galardonada con el Global Teacher Prize. Se trata de Nancie Atwell, fundadora del Centro para la Enseñanza y el Aprendizaje de Edgecomb, en Maine (Estados Unidos). Sus métodos pioneros para enseñar lengua inglesa a través de talleres de lectoescritura han logrado que sus alumnos potencien sus habilidades lectoras y literarias. En sus talleres, son los propios niños quienes deciden qué leer (unos 40 libros anuales) y sobre qué escribir (más de 20 obras anuales de distintos géneros).

Además del prestigio nacional e internacional que supone, el Global Teacher Prize permite a la ganadora disfrutar de una importante dotación económica: un millón de dólares. Nancie Atwell ya ha anunciado su intención de donar la totalidad del premio al Centro para la Enseñanza y el Aprendizaje para costear recursos, becas y libros.


Otros profesores “superespeciales”

Atwell se ha erigido vencedora, pero no es la única profesora extraordinaria cuyo trabajo merecer ser reconocido. Partiendo de las más de 5.000 nominaciones presentadas inicialmente, la Academia del Global Teacher Prize seleccionó 50 candidatos de todo el mundo que destacaban por sus logros educativos.

Uno de esos candidatos fue el español César Bona, que imparte clase en el CEIP Puerta de Sancho en Zaragoza. Él defiende una educación que estimule la curiosidad, la empatía y el espíritu crítico de los niños, que trabaje su resiliencia y les prepare para participar en la sociedad. Además de darles clase, Bona involucra a sus alumnos en proyectos como Children for Animals, desde el que promueven el respeto a los animales.

Los 50 candidatos del Global Teacher Prize acabaron reducidos a 10 finalistas. Entre ellos encontramos a docentes con proyectos tan emotivos como el de Azizullah Royesh, que fundó la escuela Marefat en Pakistán para atender a los refugiados afganos que huían de los talibanes. Trasladada más tarde a Kabul (Afganistán), la escuela proporciona a niños y niñas una enseñanza basada en la educación cívica y el empoderamiento femenino.

También resultó finalista Phalla Neang, creadora de la escuela Krousar Thmey en Phnom Penh (Camboya). Ella fue la primera maestra que inició un centro educativo para discapacitados visuales y auditivos en su país. Su trabajo y sus campañas de sensibilización han contribuido a mejorar la situación de las personas ciegas en la sociedad camboyana.

Por su parte, Stephen Ritz incita a los alumnos de la escuela pública 55, en el Bronx neoyorquino (Estados Unidos), a cultivar sus propios alimentos. A través de su proyecto, consigue que los niños no sólo mejoren su seguridad alimentaria, sino que participen en un negocio rentable mientras aprenden competencias básicas y valores.

Y Madenjit Singh ha dedicado su carrera a favorecer el acceso a la educación de los niños desfavorecidos de Malasia. Incluso creó un método para aprender inglés en pocos meses que utilizan escuelas de todo el sudeste asiático. Su ONG SOLS 24/7 forma a los pequeños y les proporciona habilidades para la vida, buscando siempre el equilibrio entre géneros.

Todos ellos sienten la misma pasión por su profesión que muchos otros docentes del mundo, independientemente de que hayan sido candidatos o no al Global Teacher Prize. Se muestran satisfechos al poder compartir experiencias con los niños, enseñándoles pero también aprendiendo de ellos, y contribuir a darles la oportunidad de elegir su propio destino. Y eso les convierte a todos, sin excepción, en los mejores profesores del mundo.


Foto: Global Education & Skills Forum