Cuatro amantes de la microliteratura se han unido en Twitter para crear un divertido proyecto conjunto: las microseries. Cada uno de ellos vive en un lugar diferente del planeta y cuenta con su propio perfil tuitero en el que escribe microcuentos con frecuencia (cuentografo, execrabilitos, microrretales y minirelatos), pero todos los viernes se dan cita a la misma hora para tirar adelante esta iniciativa.

El reto consiste en elegir un tema común cada semana y preparar cinco cuentuitos por barba relacionados con él. Los viernes por la tarde, todos a una, publican esos cinco microcuentos en sus respectivas cuentas para retuitearlos después en la cuenta común. Cada microserie, además, cuenta con otro microcuentista como invitado sorpresa.

Los amigos de las microseries han tenido el detalle de invitarme a jugar dos semanas seguidas. Desde minimondos, he podido participar en sus sesiones creativas y compartir experiencia con ellos. Una vez más, ¡gracias por la oportunidad, chicos! :-)

Os dejo los cuentuitos que escribí para la ocasión:

Rebelión de artefactos:

  • Desean ir a la playa en coche, pero el GPS tiene otros planes. Cuando se quieren dar cuenta, están plantando la sombrilla en la Plaza Roja.
  • Hasta ahora solo había perdido calcetines blancos. Hoy, su lavadora se traga la colada entera. A cambio, una nota: “Cambia de estilista”.
  • Introduce su tarjeta de crédito en el cajero automático para consultar su saldo. El cajero le devuelve una sonora carcajada como respuesta.
  • El ascensor romántico cree que la vecina del 3º encajaría con el del 1º. El día que coincidan les dejará encerrados para que se descubran.
  • Durante el desayuno solo tiene ojos para su nueva tablet. La tostadora, celosa, le chamusca las rebanadas cada mañana. Él nunca lo nota.

Naufragios:

  • Cuando se reencuentran, ella confirma que el norte de la isla está desierto. Él se calla que en el sur hay un barco que puede rescatarles.
  • Comprende que es inútil seguir achicando agua y se sienta a esperar el fin. Un tiburón nada alrededor del bote, hambriento pero paciente.
  • El barco del tesoro cedió a la tormenta y se hundió en las profundidades. Siglos después, los buzos visitan el pecio ajenos a su secreto.
  • El náufrago sueña con una cena caliente en compañía humana. Al otro lado de la isla, el nativo caníbal sueña con cenar un humano calentito.
  • “No fue culpa mía”, escribe el patrón del barco naufragado en el parte de accidente. “El iceberg salió de la nada y se abalanzó sobre mí”.


Foto: freestocks.org en Unsplash