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Objetivos para la educación más allá de 2015

Objetivos para la educación más allá de 2015

La educación está reconocida como derecho humano fundamental. Desde hace décadas, gobiernos e instituciones de todo el mundo trabajan conjuntamente para garantizar una educación de calidad sin discriminaciones ni exclusiones; aun así, continúa siendo una asignatura pendiente en numerosos países.

En 2000 se establecieron los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ocho metas acordadas internacionalmente y que debían alcanzarse en 2015 con la finalidad de mejorar las condiciones de vida de la población mundial. Estos objetivos se proponían, por ejemplo, acabar con el hambre y con la pobreza extrema, empoderar a las mujeres, reducir la mortalidad infantil o combatir enfermedades como la malaria o el SIDA. También pretendían asegurar la enseñanza primaria universal a todos los niños.

El esfuerzo realizado desde aquella declaración de intenciones ha logrado progresos considerables en todos los campos, pero no han sido suficientes. Ya en 2015, resulta evidente que no se han podido cumplir los objetivos propuestos; de ahí que los países trabajen ahora en una nueva agenda. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio han dado paso a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 17 nuevas medidas “destinadas a erradicar la pobreza, promover la prosperidad y el bienestar para todos, proteger el medio ambiente y hacer frente al cambio climático a nivel mundial”, como explica la Organización de las Naciones Unidas. Esos objetivos se presentarán a finales de este mes en la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible.


Educación para el desarrollo

El cuarto de los nuevos objetivos se centra en el futuro de la educación, considerada como una de las grandes prioridades en la agenda de desarrollo a partir de 2015. De hecho, la organización internacional The Global Partnership for Education asegura que “la educación es esencial para el éxito de cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Esta organización considera que la educación es una de las vías más efectivas para reducir la pobreza y las desigualdades: cuantos más niños del espectro demográfico, geográfico y cultural accedan a la ella, menores serán las desigualdades económicas dentro el país. No sólo ayuda a conducir a la sociedad hacia el progreso y la prosperidad, sino que también es la precursora de la paz, de la tolerancia y de una sociedad civil saludable.

Por otro lado, la educación permite a las mujeres desarrollar todo su potencial en los hogares, comunidades, centros de trabajo e instituciones de influencia, asegurando su igualdad con los hombres. También repercute en unas mejores condiciones de salud, saneamiento y nutrición infantil. Asimismo, las personas con niveles más altos de educación muestran una mayor conciencia sobre el respeto al medio ambiente.


Metas para la educación

Pese a los avances en materia de escolarización logrados en los últimos años, la Organización de las Naciones Unidas calcula que todavía existen, en todo el mundo, unos 58 millones de niños en edad escolar que no van a clase, el 50% de los cuales vive en zonas afectadas por conflictos. Además, 781 millones de adultos no cuentan con un nivel mínimo de alfabetización; de ellos, más del 60% son mujeres.

El cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible parte de esa realidad y establece una meta para 2030: “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. Uno de sus propósitos más destacados es asegurar que todos los niños y niñas cuenten con una enseñanza primaria y secundaria completa y gratuita. También pretende velar por el acceso de cualquier persona a todos los niveles de enseñanza o de formación profesional, eliminando las desigualdades por razones de género o vulnerabilidad. Y se propone crear entornos de aprendizaje seguros y eficaces, adecuar las instalaciones escolares y aumentar la oferta de profesores cualificados.


Educación para todos

La iniciativa Educación para Todos (EPT), que está auspiciada por la UNESCO, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, UNICEF y el Banco Mundial, ha elaborado un proyecto en el que plantea cómo debería ser la educación más allá de 2015. En su informe, identifica varias metas mundiales a alcanzar de cara a 2030 y justifica su importancia.

En el futuro, la educación debería garantizar una formación básica de calidad para todos los niños y niñas, gratuita y obligatoria, durante al menos nueve años. Se complementaría con un sistema de protección y educación de la primera infancia: según EPT, eso tendría un efecto positivo tanto inmediato como a largo plazo “no sólo en el bienestar y el desarrollo de los niños, sino también en el desarrollo social y económico de las sociedades”.

El informe apuesta por reforzar la alfabetización como “cimiento indispensable” que permite aprovechar las posibilidades de aprendizaje durante toda la vida y desenvolverse con eficacia en el hogar, la escuela, el trabajo y la sociedad. Además, considera imprescindible adaptarse a los cambios socioeconómicos y renovar los planteamientos sobre los conocimientos y competencias necesarios para disfrutar de una vida y de un trabajo dignos, para manejarse en una sociedad globalizada e interconectada o para “contribuir, como ciudadanos del mundo responsables, a la paz y al desarrollo sostenible”.

EPT demanda también el compromiso de los gobiernos y de las partes interesadas para mejorar la calidad de los docentes, pues de ellos depende la calidad de la educación, y para prestar el apoyo financiero suficiente para que la nueva agenda pueda cumplirse.

Sin duda, queda mucho camino por recorrer, pero la perspectiva es optimista. Los nuevos objetivos para la educación nos acercan, paso a paso, a un futuro más próspero y equitativo para todos.

Foto: United Nations Photo en Flickr

 

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