Los niños nunca dejan de ser niños. Bajo ninguna circunstancia. Probablemente resulte obvio, pero a veces conviene recordarlo. Sobre todo cuando nos detenemos (o, peor aún, no nos detenemos) a pensar en los pequeños que son víctimas de conflictos bélicos. Ellos sufren las mismas consecuencias que los adultos, acentuadas por el hecho de que no pueden valerse por sí solos. No son capaces de entender la situación y mucho menos asumirla. Se sienten desamparados; incluso pierden a sus familias. A menudo no les queda ni siquiera la posibilidad de jugar como evasión. ¿Recordáis la campaña de Save The Children que imaginaba cómo cambiaría la vida de una niña inglesa en una guerra?

Centrémonos en Siria. De acuerdo con los datos de Unicef, el conflicto ha afectado a 4,3 millones de niños en el país. Se calcula que un millón de ellos viven en áreas asediadas o de difícil acceso por la intensa violencia. La cifra de pequeños sirios que viven en campos de refugiados, 1,2 millones hasta el momento, aumenta a diario: en estos campos sufren carencias de agua potable, alimentos nutritivos y educación. Casi 3 millones de niños se han visto forzados a abandonar los estudios. Y el número de pequeños que requieren ayuda psicológica para afrontar lo que están viviendo asciende a 2 millones.

Por suerte, numerosas ONGs se preocupan actualmente por el bienestar de los niños refugiados sirios. Zakira, una organización de origen libanés (su nombre significa “memoria” en árabe), les da la oportunidad de olvidarse por un rato de la cruda realidad desarrollando su faceta creativa.

El fotoperiodista Ramzi Haidar creó Zakira con el objetivo de conseguir que los pequeños encontrasen en la fotografía una vía de escape, una manera de expresar sus sentimientos. Su primer proyecto, Lahza (“momento”), se desarrolló en 2008. A través de él, los voluntarios de la ONG impartieron talleres de fotografía en 12 campos de refugiados palestinos en el Líbano y animaron a los niños a captar su día a día con las cámaras. El resultado acabó transformado en un libro de fotografías y varias exposiciones.

Este año, Zakira repite experiencia con Lahza 2. El proyecto, en el que colabora Unicef, prevé repartir 500 cámaras de fotos a 500 niños sirios de entre 7 y 12 años que viven en campos de refugiados en el Líbano. Tras aprender a usar las cámaras y recibir nociones básicas de fotografía, estos niños podrán retratar sus condiciones de vida en los campos. Con ello, la organización pretende llamar la atención sobre sus problemas, necesidades y ambiciones de un modo divertido y crítico, además de ayudar a los pequeños con potencial artístico a desarrollar su talento a través de la fotografía.

Está previsto que Lahza 2 dure seis meses; después se seleccionarán las 72 mejores fotografías para incluirlas en una exposición y editarlas en un libro. Por ahora, pueden verse ya algunas imágenes del progreso del proyecto en la web de Zakira y también en su Facebook. Amparados por sus cámaras, quizás estos niños puedan escapar de su realidad y volver a ser realmente niños por un rato.

 

Leído en Planeta Futuro

Foto: Eoghan Rice / Trócaire en Flickr