Skateistan: un refugio para jugar y aprender

El idilio de Oliver Percovich con el skate comenzó de muy pequeño. A los seis años patinaba por primera vez en una piscina vacía; desde entonces, los monopatines no han dejado de acompañarle. Ni siquiera cuando, en 2007, se fue a vivir a Afganistán siguiendo a su novia, que encontró trabajo en Kabul. Fue precisamente en Kabul, y gracias a tres monopatines, donde empezó la historia de este cazasueños australiano.

Al llegar a Kabul, Oliver tomó la costumbre de salir a hacer skate por las calles de la ciudad. Eso le permitió formarse una idea de la situación en Afganistán. Varias décadas de conflictos habían provocado problemas sociales graves y una pobreza extrema en un país en el que más de dos tercios de la población eran niños o jóvenes. Como consecuencia de un sistema educativo muy deteriorado, eran numerosos los niños que no asistían a la escuela, y muchos de ellos trabajaban en la calle. El problema se agravaba entre las niñas.

Por aquel entonces, el skate era un deporte desconocido en Afganistán, así que no es de extrañar que Oliver se convirtiera en una atracción en las calles de Kabul. Muchos niños y jóvenes le seguían y le pedían que les dejara probar sus monopatines. Percovich pudo comprobar que el skate tenía un gran tirón entre chicos –y también chicas– de todas las etnias y niveles socioeconómicos.

Entonces ató cabos. “Me di cuenta de que Afganistán necesitaba que gente de diferentes etnias y clases sociales se uniera para construir confianza y comunidad, y que esos elementos podían reportar resultados en salud, educación y seguridad”, explicaría el propio Petrovich, años más tarde, en una charla TED. Comprendió que el skate podía ser el vínculo que uniera a todas esas personas. Y un año más tarde fundó Skateistan.


La tierra del skate

Skateistan es una iniciativa de desarrollo internacional que empodera a niños y jóvenes a través del skate. No sólo les enseña a patinar, sino que utiliza este deporte como vía para conectarles con oportunidades de educación y liderazgo.

A través del skate, los pequeños aprenden a caer, a fallar y a perseverar de forma segura en medio de la adversidad. Aprenden a cuidarse de sí mismos, pero también a cuidar de la comunidad a la que pertenecen. En muchos casos, además, la ONG les ofrece un acceso a la educación que de otra manera no tendrían. En las aulas, aprenden a expresarse, pensar críticamente y desarrollar su confianza.

El objetivo de Skateistan es, como apunta en su web, brindar a niños y jóvenes una salida positiva. Pretende ayudarles a “desarrollar sus habilidades y su confianza para crear un futuro mejor para ellos y para sus comunidades”.


De las calles a la escuela

En sus inicios, Skateistan organizaba sesiones de skate en varios espacios de Kabul, entre ellos un orfanato y una fuente abandonada. Pero las calles eran peligrosas, así que empezó a moverse para conseguir unas instalaciones seguras en las que los pequeños pudieran patinar.

Foto: ResoluteSupportMedia en Flickr

En 2009, Kabul dio la bienvenida a la primera escuela de skate de Skateistan. Construida sobre unos terrenos cedidos por el Comité Olímpico Nacional de Afganistán, incluía tanto instalaciones deportivas como aulas. El nuevo centro podía garantizar la práctica segura del skate, y también la educación. A partir de aquel momento, los alumnos de Skateistan pasaban el mismo tiempo aprendiendo sobre el monopatín que en el aula.

La escuela de Kabul fue la primera, pero no la única que Skateistan creó en Afganistán. En 2013 abrió otro centro en Mazar-e-Sharif. Más grande que el anterior, contaba con instalaciones interiores, aulas y un espacio privado de patinaje al aire libre donde los niños –y, sobre todo, las niñas– podían hacer skate sin peligro.


Más allá de Afganistán

Aunque la labor de Oliver Percovich comenzó en Afganistán, también ha puesto en marcha proyectos más allá de sus fronteras. Por ejemplo, en Camboya, uno de los países asiáticos más pobres, donde más de la mitad de la población es menor de 25 años. Niños y jóvenes se enfrentan a problemas como la falta de acceso a una educación de calidad, la violencia y la discriminación, especialmente hacia niñas y jóvenes con discapacidades.

Skateistan empezó su trabajo en este país en 2011. Unió fuerzas con Benjamin Pecqueur, que ya realizaba actividades con monopatines en Phnom Penh, y un año más tarde abrió en esa ciudad una escuela de skate. Hace poco, el centro se trasladó a otro espacio más adecuado para satisfacer las necesidades de los pequeños con pocos recursos. La ONG fundó su segunda escuela camboyana en 2015, esta vez en Sihanoukville.

El tercer país en el que actúa Skateistan es Sudáfrica, donde las desigualdades, sobre todo por motivos raciales, se mantienen pese al progreso significativo desde el fin del apartheid. En Johannesburgo, la extrema desigualdad económica expone a los jóvenes de bajos ingresos a la falta de una educación de calidad, a la violencia y al aislamiento social. La ONG comenzó su labor en esta ciudad en 2014, y un par de años más tarde abrió allí su escuela de skate.

Varios documentales describen la labor de Skateistan y la enmarcan en el contexto social y económico de los países en los que se desarrolla. Los jóvenes skaters afganos protagonizan el corto Skateistan: To Live And Skate Kabul (2010), de Orlando von Einsiedel, y la película Skateistan: Four wheels and a board in Kabul (2011), de Kai Sehr. Por su parte, el corto Land of Skate (2017), de Ty Evans, ofrece testimonio del trabajo de la organización en Afganistán, Camboya y Sudáfrica.


Jugar y aprender

Skateistan acoge en sus escuelas de skate a alumnos de 5 a 17 años. No diferencia entre etnias, clases sociales o condición económica, y presta especial atención a las necesidades de las niñas y de los pequeños con pocos recursos o con discapacidad. Diez años después de su fundación, en los programas educativos de la ONG participan más de 1.800 estudiantes. El 50% de esos alumnos son niñas y el 70% cuenta con bajos ingresos.

Para los alumnos, las escuelas de Skateistan son lugares seguros en los que pueden jugar y aprender. Allí encuentran una comunidad divertida, libre de discriminación y violencia. Además de adquirir nuevas habilidades, construyen amistades con compañeros diversos a los que ven como iguales. Todos experimentan confianza, aceptación e inclusión social.

Foto: ResoluteSupportMedia en Flickr

La organización estructura su labor en base a cuatro programas:

Difusión
Los educadores y los líderes juveniles salen a la calle para conectar con los pequeños de la zona. Les dejan probar los monopatines y disfrutar de una hora de actividad recreativa. A través de estas sesiones, muchos niños se inscriben en los programas educativos de la ONG.

Skate and Create
Los alumnos participan en un programa de aprendizaje que incluye una hora de skate y otra hora de clase. En el aula, los educadores proponen diferentes actividades creativas para introducir temas como los derechos humanos, el medio ambiente o la nutrición.

Back-to-School
En Afganistán, consiste en un programa de aprendizaje acelerado para que los niños que no asisten a la escuela puedan inscribirse en el sistema escolar público. En Sudáfrica y Camboya, ofrece ayuda con los deberes y orientación a los estudiantes fuera del horario escolar.

Liderazgo juvenil
Los alumnos jóvenes más motivados pueden colaborar con la escuela asistiendo a los educadores en las clases, asesorando a los compañeros más pequeños o planificando eventos. Se convierten en modelos a seguir para los estudiantes y para la comunidad en general.

Esta labor educativa y de empoderamiento es posible gracias a la implicación de los llamados ciudadanos de Skateistan: educadores, voluntarios, personal… En esta comunidad juegan un papel esencial los propios alumnos: tras su paso por la escuela de skate, algunos se convierten en voluntarios o trabajadores de la organización.


Empoderar a las niñas

Ser mujer no resulta fácil en Afganistán. Cuando OIiver Percovich aterrizó en Kabul, se sorprendió al ver la discriminación a la que estaban sometidas las niñas. La mayoría no iban a la escuela. No podían practicar deportes. No se les permitía montar en bicicleta. Sin embargo, Oliver observó que nadie les prohibía usar sus monopatines. ¿Por qué?

“Me di cuenta de que el skate era una escapatoria. Era tan nuevo que nadie había tenido la oportunidad de decirles a las chicas que no podían hacerlo”, explicó el skater australiano en la charla que dio en TEDxSydney 2014. Así que decidió aprovechar ese vacío para brindar a las niñas una oportunidad de empoderamiento.

Foto: Astronomy & Society Group en Flickr

Captar alumnas en Afganistán es un proceso laborioso. El trabajo empieza con las sesiones de difusión, en las que se da prioridad a las niñas sobre los niños a la hora de probar los monopatines. El objetivo es demostrar a la comunidad qué pueden hacer las chicas y ofrecer a las pequeñas la oportunidad de acceder a una educación que podría mejorar su futuro. Después toca convencer a las familias de que las actividades que propone Skateistan son apropiadas y seguras para las niñas. Por eso, la ONG organiza clases específicas sólo para ellas, impartidas en instalaciones interiores y conducidas exclusivamente por educadoras.

En Sudáfrica y Camboya, los programas son mixtos. Pero también existen sesiones exclusivas para niñas, que pretenden reforzar la confianza de quienes se sienten inseguras patinando y fomentar su participación. Fuera de la pista de skate, las chicas tienen la oportunidad de explorar temas alternativos y habilidades que no suelen aprender en la escuela pública. En las aulas de Johannesburgo, por ejemplo, hablan sobre la brecha de género.

Para inspirar a las alumnas, Skateistan pone a su alcance modelos femeninos que les muestren el camino a seguir. De ahí que muchos empleados destacados y líderes juveniles sean mujeres. Estos modelos ayudan a las niñas a cambiar sus perspectivas sobre la igualdad de género en la escuela y más allá de sus muros.


Impacto positivo

En Skateistan, las niñas encuentran el ambiente idóneo para practicar deporte y aprender. Eso hace que su confianza aumente, con lo que se muestran más dispuestas a intentar cosas nuevas en la pista de skate y a levantar la mano y participar en las clases. En este ambiente encuentran amigos y crean comunidad con otros estudiantes, lo que les ayuda a comunicarse y a hacer amistades fuera de la escuela.

A menudo, los programas de la organización son su única oportunidad para acceder a la educación. En las aulas mejoran sus habilidades de lectura y escritura, y también aprenden a expresarse, pensar críticamente y resolver problemas en su vida cotidiana. Se les da la oportunidad de romper el ciclo y plantearse un futuro alternativo, un futuro mejor. De hecho, algunas chicas se convierten en modelos para sus iguales y para las comunidades locales.

En Afganistán, los resultados son significativos. Las chicas saben que tienen derecho a practicar deporte y lo ejercen a través del skate, que se ha convertido en el mayor deporte femenino del país. Y no sólo eso: como el 50% de los alumnos de Skateistan son niñas, Afganistán tiene el mayor porcentaje de mujeres skaters del mundo. El fenómeno de las skaters afganas llevó a Madina Saidy, una de las líderes juveniles de la ONG, a dar una charla sobre su experiencia en el primer evento TEDx en Kabul, en 2012. Y la fotógrafa Jessica Fulford-Dobson creó el proyecto Skate Girls of Kabul, en el que retrataba la habilidad y la confianza de las niñas de la escuela. Ya lo dice Oliver Percovich: “Cuando alguien ve una foto de una chica afgana en una gran rampa, que se lanza y consigue algo que ella pensó que era imposible, se convierte en sujeto de respeto, no de pena, a ojos de la gente”.

A través del skate y la educación, Skateistan proporciona a los niños y niñas que acoge una identidad, una vía de escape más allá de la realidad que supone un entorno extremadamente complejo. “Los chicos construyen una comunidad única en Skateistan”, asegura Oliver. “Esa comunidad puede crear esperanza en un lugar en el que a veces es imposible tener esperanza”.


Foto destacada:
Ya rat en Flickr

2018-06-17T13:11:56+00:0017 junio 2018|cazasueños|

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