Existen 2.200 millones de niños y niñas en el mundo. Y cada uno de ellos, sin excepción, cuenta. No importa dónde hayan nacido, cuál sea su género o qué costumbres guíen a su comunidad; a todos les corresponden los mismos derechos, y los gobiernos deben respetarlos y hacerlos cumplir. Así lo declara la Convención sobre los Derechos del Niño y lo recuerda Unicef en El estado mundial de la infancia de 2014 en cifras, un informe con el que pretende poner en evidencia las disparidades que se dan entre niños de diferentes zonas del mundo como vía para reclamar sus derechos.

El informe de Unicef destaca la importancia de los datos en la lucha por garantizar los derechos de los más pequeños. No se trata de simples estadísticas: recopilar información fiable y coherente sobre el número de nacimientos de un país determinado, su tasa de mortalidad o de alfabetización, junto a otros indicadores como su nivel de nutrición o de riqueza familiar, ayuda a entender en qué circunstancias viven los niños de ese país y prever sus opciones de futuro. Aunque no basta con reunir esos datos: también es preciso analizarlos, para identificar los problemas y orientar las soluciones, y difundirlos, para concienciar a la población sobre la necesidad de respetar los derechos de la infancia.

Con esa intención, Unicef difunde en su informe datos tan alarmantes como que 18.000 menores de 5 años siguen muriendo a diario en el mundo, y la mayoría lo hace por causas que podrían prevenirse si se cubrieran sus derechos básicos, como el acceso a agua potable o atención médica. O que un 15% de los niños se ve sometido a trabajos que atentan contra su derecho a aprender, a jugar y a ser protegidos de la explotación económica.

Los datos del informe revelan también que las oportunidades de los niños difieren considerablemente en función de la riqueza de su país, de su género, del nivel económico de su familia o de su lugar de residencia. Por no hablar de los niños invisibles (los que viven en la calle, son refugiados, pertenecen a comunidades nómadas, sufren discapacidades o son víctimas de la trata, por ejemplo), que no han sido registrados y, por lo tanto, no cuentan para ninguna estadística ni pueden hacerse oír.

Por suerte, los datos también evidencian los progresos en defensa de los derechos infantiles durante las últimas décadas. Retomando el ejemplo anterior, cerca de 90 millones de niños han podido vivir más allá de los 5 años de edad cuando, si se hubieran mantenido las tasas de mortalidad propias de los años 90, no lo habrían logrado. Además, la escolarización primaria en los países menos adelantados aumentó del 53% en 1990 al 81% en 2011. El año pasado, por otro lado, Unicef colaboró con el gobierno de Tanzania y una compañía de telecomunicaciones para implantar un sistema de inscripción de recién nacidos a través del teléfono móvil. Su objetivo era remediar la baja tasa de registros de nacimientos que caracteriza a este país africano, motivada por los elevados costes del trámite, el difícil acceso a los servicios o incluso el desconocimiento. El proyecto consiguió que se pasara del 10% de registros previo a un 36% en seis meses.

Más datos, esta vez de futuro, para cerrar el post. Unicef acaba de hacer pública su Acción humanitaria para la infancia 2014, un llamamiento internacional para recaudar 1.605 millones de euros que le permitan prestar asistencia humanitaria esencial a 59 millones de niños que viven situaciones de emergencia en países como Siria, Sudán del Sur o la República Centroafricana. Entre sus retos para este año, también expresados en cifras, figuran que 2,7 millones de niños sean tratados contra la desnutrición aguda grave, que 23 millones tengan acceso a agua potable o que 19 millones sean vacunados contra el sarampión.


Foto: Jurgen en Flickr