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El cuervo y la luz del día (América del Norte)

Hace mucho tiempo, en las tierras lejanas del Norte, habitaba una gente llamada inuit que vivía en completa oscuridad. Los inuit no conocían la luz del día; aunque el cuervo, que había viajado mucho y había visto la luz en las tierras del Sur, les hablaba de ella constantemente.

Un día, los inuit pidieron al cuervo que les trajera la luz del día. El cuervo les contestó que ya era demasiado viejo para volar hasta el Sur, pero los inuit insistieron tanto que no tuvo más remedio que acceder.

El cuervo voló kilómetros y kilómetros a través de las tierras oscuras del Norte. Cada vez se sentía más cansado. Ya empezaba a pensar en abandonar cuando vio un resplandor en el horizonte. Poco después, la luz del día lo iluminó todo. ¡Había llegado al Sur!

Exhausto por el viaje, el cuervo se posó en un árbol para descansar. En aquel momento pasó bajo el árbol un hombre que se dirigía a una aldea cercana. Aprovechando la ocasión, el cuervo se transformó en una mota de polvo y se posó en la capa del hombre.

Resultó que aquel hombre era el jefe de la aldea, que volvía a casa tras una jornada de trabajo. Cuando entraron en la casa, el cuervo vio en un rincón una caja que brillaba intensamente. ¡Allí estaba la luz del día!
 
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