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Las aguas tontas (Grecia)

En una tierra lejana vivía un sultán de corazón bondadoso que amaba a todos sus súbditos,
a todos y cada uno sin excepción. El sultán tenía como consejero a un astrólogo que, como él, era sabio y justo.

Un día, el consejero leyó en las estrellas algo asombroso: sobre el reino lloverían aguas tontas, y todo el que bebiera de ellas se volvería tonto, perdería el sentido común y no sabría distinguir entre la verdad y la mentira, entre la justicia y la injusticia.

Cuando el sultán se enteró de aquello, ordenó a su consejero recoger toda el agua posible y guardarla en un almacén. A partir de ese momento, el sultán bebió sólo agua almacenada; de esa forma se aseguraba de seguir gobernando con justicia y sabiduría.

Llegó el día en que empezaron a llover aguas tontas sobre el reino. Todos los que bebieron de esas aguas se volvieron tontos al instante, y ya no sabían qué era correcto y qué incorrecto. Pero el sultán y su consejero siguieron bebiendo agua almacenada y conservaron su sentido común.

A partir de aquel momento todo cambió. La gente empezó a odiar al sabio sultán, porque
ahora creían que sus acciones no tenían lógica y que siempre se equivocaba. Tanto cambió la
 
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