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Por qué los guepardos tienen manchas en las mejillas (Sudáfrica) Érase una vez un cazador muy perezoso, que en vez de cazar pasaba las horas sentado a la sombra de un árbol. Decía que hacía demasiado calor como para ir detrás de una presa. No muy lejos de él pastaba una manada de gacelas, pero el cazador ni se preocupaba por ellas. ¡Así de perezoso era! -Sería fantástico conseguir comida sin tener que trabajar –pensaba el cazador. Y allí estaba el hombre, sentado bajo un árbol, cuando oyó un ruidito tras unos arbustos cercanos. Era una hembra de guepardo, escondida al acecho de su presa. Vigilaba a una gacela que se había alejado de la manada y pastaba tranquilamente, sin imaginar el peligro que corría. La guepardo se acercaba a su presa con sigilo para que no la descubriera. De repente, se abalanzó sobre la gacela despistada y la derribó. El resto de la manada huyó al instante. El cazador vio cómo la guepardo arrastraba a su presa hasta un lugar apartado; allí le esperaban tres cachorritos de guepardo. El hombre sintió envidia por los cachorros. ¡Ya le gustaría a él que un cazador tan bueno como su madre le trajera la comida! Así no tendría que trabajar para conseguirla… |
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