Los hay que ya han superado el eterno debate entre libro de papel y libro digital y han decidido mirar más allá. Buscar las nuevas posibilidades que ofrece el formato electrónico para mejorar la sociedad. Y Worldreader ha encontrado una vía: esta ONG ha sabido cómo convertir el e-book en una herramienta solidaria capaz de transformar la vida de muchos niños africanos.

Surgida a raíz de una iniciativa de David Risher, un ex ejecutivo de Amazon, Worldreader trabaja con el objetivo de erradicar el analfabetismo en los países más pobres. Los responsables de la organización citan datos de la UNESCO para asegurar que en el mundo existen 740 millones de analfabetos y 250 millones de niños en edad escolar que carecen de las habilidades básicas de lectura y escritura. Muchos de esos escolares no tienen acceso a los libros o lo tienen muy limitado, lo que ralentiza el aprendizaje y, en consecuencia, el progreso social.

Worldreader se ha propuesto contribuir a paliar ese problema distribuyendo e-readers, móviles y una amplia biblioteca de libros digitalizados entre las escuelas primarias de los países africanos en los que actúa, como Ghana, Ruanda, Sudáfrica o Tanzania. Para ello, ha firmado acuerdos con diferentes editoriales, algunas de ellas de referencia, con la intención de ofrecer a los niños africanos una cuidada selección de lecturas. Su biblioteca digital incluye recursos educativos y algunas de las mejores obras internacionales, firmadas por autores como Roald Dahl, Aldous Huxley o Julio Verne. Aun así, ha querido dar prioridad a los escritores locales: sus historias familiares son las que más atraen a los estudiantes cuando empiezan a leer, además de contar con la preferencia de las escuelas para trabajar en clase.

Hasta septiembre de 2013, la organización había entregado más de 721.000 libros electrónicos a más de 12.300 niños en nueve países africanos. A través de los teléfonos móviles, utilizados como dispositivos de lectura, había llegado a más de 150.000 personas. Y los resultados de la iniciativa eran francamente positivos: los pequeños estudiantes que se acogen al programa Worldreader leen más y mejor. Además de mostrar mayor entusiasmo por la lectura, experimentan mejoras significativas en fluidez y comprensión orales, tanto en su lengua materna como en inglés. El programa también ha logrado estrechar la brecha entre géneros.

Los responsables de Worldreader saben que su trabajo no se limita al fomento de la lectura. Se trata, como dicen ellos mismos, de ayudar a los niños a “tomar decisiones, aprender, crecer y cambiar sus vidas”.


Foto: Worldreader