Apretar un interruptor y que se haga la luz al instante. El gesto resulta simple para nosotros, pero impensable para muchas personas. Una parte considerable de la población mundial tiene problemas para acceder a la electricidad, lo que complica su vida cotidiana. Por suerte, a menudo nos encontramos con gente creativa que da con soluciones sencillas y económicas para capear las dificultades. A Alfredo Moser, el primer cazasueños de esta historia, le bastaron una botella de plástico, agua y la ayuda inestimable del sol. En su caso, lo de tener una idea luminosa fue algo literal. Y muy productivo.

Retrocedamos hasta 2002. Moser, un mecánico brasileño harto de sufrir apagones en su taller, decidió crear un sistema de iluminación alternativo. Hizo un agujero en el tejado, introdujo en él una botella llena de agua y dejó que el sol hiciera el resto. La luz reflejada a través del agua embotellada logró iluminar el taller con una potencia equivalente a una bombilla de 50 vatios. Su invento, simple y revolucionario, no sólo acababa con el problema de los cortes de luz; además, le permitía ahorrar en consumo energético y era ecológico.

Moser no tardó en ofrecerse a instalar sus bombillas solares en casas y establecimientos de su vecindario. Su iniciativa fue haciéndose cada vez más popular e incluso llegó a los informativos brasileños. De ahí saltó a internet y al resto del mundo.

Precisamente a través de la red descubrió las bombillas solares nuestro segundo cazasueños, Matayo Magalasi. Este joven keniata se enteró del invento de Moser mientras utilizaba el ordenador de un centro benéfico de Nairobi para buscar trabajo. Decidido a hacer algo por su comunidad, Magalasi empezó a recoger botellas de la basura, lavarlas e instalar gratuitamente lámparas ecológicas en las chabolas de un suburbio de su ciudad.

Gracias a su gesto generoso, los niños ahora pueden estudiar en las escuelas o hacer los deberes cómodamente en casa. Magalasi, que asegura no se necesita dinero para hacer algo por la comunidad, sueña con extender el sistema a otros suburbios de Nairobi.

Pero el joven keniata no es el único que se ha inspirado en el invento de Moser. Y es que esta historia está llena de cazasueños… En Filipinas, Myshelter Foundation, una organización que trabaja para acercar la tecnología verde a toda la población, convirtió la bombilla solar en el centro de su movimiento Liter of Light. El proyecto comenzó en 2011 con la instalación de las lámparas sostenibles en barrios pobres y sin electricidad de Manila; en la actualidad, se han colocado más de 15.000 bombillas en 20 ciudades filipinas. El movimiento se ha extendido por todo el planeta, de Perú a Camboya, de Suiza a Bangladesh, de Egipto a Vietnam. Su objetivo es instalar un millón de lámparas en todo el mundo hasta 2015.

 

Visto en Storyhunter y leído en Gente que coopera cresce.

Foto: Nick de Partee en Unspash