Estos días podéis leer en El País una interesante reflexión de Emma Riverola sobre Facebook y su capacidad ilimitada de guardar nuestros (vuestros, que yo sigo ajena a él) recuerdos, hasta los más insignificantes, hasta los más comprometedores, incluso cuando haya pasado tiempo suficiente como para querer borrarlos de nuestra (vuestra) memoria. La autora compara esa capacidad con la hipermnesia, una rara enfermedad que lleva al que la sufre a recordar absolutamente todo lo que sucede en su vida.

La comparación puede parecer exagerada, pero lo interesante es quedarse con la intención. Riverola nos recuerda que la vida es evolución: lo que nos parece blanco definitivo hoy puede convertirse en negro relativo de aquí a unos años. Y puede que en ese momento no nos apetezca que alguien venga a echarnos en cara ese cambio porque tiene las pruebas, que un día estuvieron colgadas en una red social, o porque fue testigo de nuestro pasado y ha reaparecido tras localizarnos a través de esa misma red social. No se trata de esconderse; se trata de tener libertad para evolucionar como quieras y guardar sólo para ti, si así lo deseas, el pasado que dejas atrás.

El artículo habla también de la necesidad de exhibicionismo social. “El anonimato produce terror, del mismo modo que asusta la soledad”, dice Riverola. Sus palabras dan que pensar… ¿Por qué tenemos miedo a ser diferentes; a expresar una opinión propia, si se sale de lo común, y arriesgarnos a no ser aceptados por el resto?

Echadle un ojo al artículo de Riverola, titulado «La hipermnesia y Facebook». Estéis o no de acuerdo con lo que plantea, vale la pena leerlo.


Foto: Blake Connally en Unsplash