En algún sitio alguien debe de haber escrito que entrar en el mercado laboral es acceder a participar en un juego de competitividades en el que los más ambiciosos, los más entregados a la causa y, en ocasiones, los menos escrupulosos son quienes consiguen el éxito. Y lo peor es que nos lo creemos. Trabajar más horas que nadie, llegar antes y más lejos que nadie, pasar por encima de más colegas que nadie… Hay quien considera que ésa es la receta para ser el mejor en el trabajo. Y, de rebote, para ser feliz.

Desde los mondorinólogos ya he defendido alguna vez el downshifting (ya sabéis, aquello de priorizar la calidad de vida sobre el éxito profesional) y, a partir de ahora, me declaro también fan absoluta de la filosofía laboral creada por Fred Hartmann. Es el responsable de Vita Needle, una pequeña compañía de Boston dedicada a la fabricación artesana de agujas y cañerías. Lo innovador de su filosofía es que un buen día decidió contratar a jubilados para trabajar en su empresa. Así que ahora la media de edad en Vita Needle ronda los 75 años.

Si miráis algún vídeo sobre la compañía puede que os parezca bastante rancia, con tanta estantería repleta de trastos y tanta maquinaria antigua… Pero lo cierto es que Vita es todo un ejemplo de éxito profesional. Desde que Hartmann implantó su nueva filosofía, el rendimiento de la empresa ha crecido considerablemente. ¿Cómo es posible -podríamos pensar- si la mayoría de los que trabajan allí son viejos? La respuesta es sencilla: por su alto nivel de implicación con lo que hacen. Todos los empleados de Vita acuden allí porque quieren trabajar, porque se niegan a quedarse en casa y sentirse inútiles el resto de su vida.

El ambiente que reina allí es distendido; no hay rivalidades porque nadie quiere demostrar más que nadie. No necesitan hacerlo. Y es que todos tienen su lugar en la empresa. Cada uno organiza su horario como mejor le conviene y tiene libertad para ausentarse de la oficina por asuntos médicos o compromisos familiares. Y parece que así, sin presiones, sin competitividad, se trabaja mucho mejor. Aunque te hayas echado un montón de años a la espalda y la artritis te impida mover los dedos con tanta agilidad como te gustaría. Eso sí, la empresa pide un requisito indispensable a su gente: que sean capaces de subir y bajar a diario los 19 escalones que separan la oficina de la calle. Es el programa de salud implantado por Hartmann…

Vita Needle y sus empleados son los protagonistas de un documental alemán titulado Pensionistas, S.A. que Bertram Verhaag dirigió en 2008. Yo lo descubrí hace algunos días, por eso os hablo ahora de él. El documental muestra el día a día de estos entrañables jovencitos con sobrada experiencia vital (a partir de ahora me voy a andar con ojo antes de describir a alguien como anciano). Y al mismo tiempo reflexiona (y nos hace reflexionar) sobre los prejuicios de una sociedad empeñada en hacernos creer que un jubilado, por el mero hecho de superar los 65 años, deja de ser útil en el mercado laboral y pierde valor frente a cualquier joven.

La Espina de este post va hacia esa sociedad estereotipada y competitiva. Por suerte, hay quien sabe plantarle cara con propuestas alternativas… Y además hacer negocio.


Foto: ArtWithTammy en Pixabay