La semana pasada se celebró en Barcelona el DiBa (Digital Barcelona Film Festival). Por allí me pasé el jueves para ver un interesante documental sobre Wim Wenders. Hablaba sobre los inicios de este director alemán, sobre cómo influyeron sus vivencias de infancia y de juventud en sus primeras películas. Y lo hacía a través de entrevistas al propio Wenders, a colaboradores y amigos suyos y a algunas de las mujeres de su vida.

El documental me despertó las ganas de volver a ver El cielo sobre Berlín. Si no la conocéis, ¡os la recomiendo! Wenders dirigió esta película en 1987. Narra la historia de dos ángeles que viven en el Berlín de la postguerra ofreciendo consuelo y ganas de vivir a los humanos más necesitados. Pero lo hacen desde el anonimato, ya que nadie puede verlos o sentirlos. Uno de estos ángeles sueña con dejar de ser inmortal y volverse humano para descubrir la vida…

La película está llena de imágenes y diálogos de lo más poéticos, obra del propio Wenders y de Peter Handke como guionistas. Me quedo con una escena que aparece a los pocos minutos de empezar la película. En ella, los dos ángeles protagonistas se cuentan las acciones que han observado en los humanos durante el día. Pequeñas cosas como que un niño ha dejado de parpadear mientras su abuelo le leía la Odisea o que una mujer ha cerrado el paraguas a pesar de la lluvia para poder mojarse.

Entonces uno de los ángeles expresa su deseo de dejar de ser un espíritu «siempre en la distancia» y convertirse en mortal para poder disfrutar de las pequeñas cosas. Y va dando algunos ejemplos de esos placeres menores. Ese diálogo (prácticamente monólogo) me encanta… Aquí tenéis un resumen de las pequeñas cosas que menciona:

» Sentarse en la silla libre de una partida de cartas . Que te saluden… aunque sea con un pequeño movimiento de cabeza . Volver a casa después de un día pesado, y dar de comer al gato, como hace Philip Marlowe . Tener fiebre . Mancharse los dedos de negro al leer el periódico . Entusiasmarse por las comidas, por el contorno de una nuca, por una oreja . Mentir. Como un bellaco . Notar que el esqueleto se mueve contigo al caminar . Desmelenarse . Saber qué se siente cuando te quitas los zapatos bajo la mesa, y descalzo, mueves los dedos . Estar solo . Dejar que todo ocurra. »

Quizás deberíamos prestar más atención a las pequeñas cosas, ¿verdad? ¡Aprovechemos nosotros que podemos disfrutarlas! :-)


Foto: taniadelongchamp en Pixabay