¿Cuánto hace que vuestro buzón no se llena de cartas interesantes? No me refiero a la bandeja de entrada de vuestro e-mail, sino a esa caja metálica ubicada a la entrada de casa en la que el cartero suele dejar facturas y otros repartidores, correo comercial.

Cómo se echan de menos aquellos tiempos en los que abrir el buzón era una auténtica experiencia vital, ¿verdad? Los nervios por descubrir si habías recibido al fin aquella carta que llevabas semanas esperando y la ilusión al encontrarla; o la decepción al no verla y la esperanza de tener más suerte al día siguiente… Las comunicaciones vía Internet nos han traído la cultura de la inmediatez y nos han hecho olvidar demasiado rápido que, a menudo, lo bueno se hace esperar.

Nuestra amiga sfer ha estado reflexionando sobre todo ello. Y le ha entrado la nostalgia. Así que, aprovechando que mayo es un mes muy asociado a la poesía en Barcelona, se ha liado la manta a la cabeza y nos ha propuesto una fantástica iniciativa poéticoepistolar en su blog, Librosfera: ¿qué tal si nos intercambiamos poemas por correo postal? Aquí podéis leer todos los detalles de su idea.

Por supuesto, yo ya me he apuntado al intercambio. Y la Flor de este post va para esa propuesta poética, que me va a permitir volver a mirar el buzón de casa con ojitos ansiosos durante una temporada. ¿Alguien más se anima?


Foto: herbert2512 en Pixabay